Por Matt Monagan / MLB.com | Agosto 18, 2015
Antes de los dominicanos Juan Marichal y Vladimir Guerrero, y antes del panameño Mariano Rivera, estuvo Roberto Clemente.
Firmado por los Piratas en 1954, el boricua de las cinco herramientas del béisbol se convirtió en una de las primeras superestrellas latinoamericanas de Grandes Ligas. Bateaba para poder y promedio, tiraba, fildeaba y corría.
Al final de una ilustre carrera de 18 temporadas en las Mayores. Clemente tenía promedio de por vida de .317, porcentaje de embasarse de .359 y slugging de .475. Acumuló 3,000 hits, fue convocado a 12 Juegos de Estrellas, ganó 12 Guantes de Oro, un premio al Jugador Más Valioso de la Liga Nacional y fue campeón de dos Series Mundiales vistiendo la franela de los Piratas.
Por más que hiciera en el terreno de juego, Clemente fue quizás más grande fuera de él. Donaba útiles de béisbol, comida y otras provisiones a numerosas entidades durante toda su vida, incluyendo en su natal Puerto Rico.
Desafortunadamente, terminó la carrera y la vida de Clemente cuando cayó al mar el avión que había contratado para llevar provisiones a los damnificados del terremoto en Nicaragua el 31 de diciembre de 1972. Su último juego fue en el que dio su hit número 3,000.
Hoy, celebrados el cumpleaños de Roberto Clemente, quien hubiera cumplido los 81. El béisbol (y el mundo) está agradecido por haberlo tenido en esta tierra.

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